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VISITA DE VIRGINIA TROCONIS & RTVE

 

Virgina Troconis visita nuestras instalaciones y aprende a hacer un Lebrillo de cerámica con nuestro equipo de artesanos.

El primer paso en la fabricación de un lebrillo de cerámica consiste en elaborar el propio barro a partir de materias primas seleccionadas. Este proceso incluye la reciclación de materiales cerámicos y su posterior laminado para obtener una masa homogénea y manejable. Alcanzando un barro único y exclusivo de Guadarte con unas cualidades cromáticas y de dureza características de la marca. Esta preparación es crucial para asegurar que el barro sea adecuado para aplicarlo en el molde y permita trabajar con precisión y calidad en las etapas siguientes de la manufactura.

Una vez preparado el barro, se procede a prensarlo manualmente en el molde. Este paso requiere habilidad y paciencia, ya que es fundamental que el barro se acople perfectamente al contorno del molde. Utilizando las manos, el artesano presiona y moldea la arcilla para asegurar una distribución uniforme y eliminar posibles bolsas de aire, garantizando así la integridad estructural del lebrillo.

Tras haber prensado el barro en el molde y asegurarse de que ha tomado la forma deseada, se realiza el desmoldado de la pieza con sumo cuidado. Este paso es delicado, ya que la cerámica aún se encuentra en una etapa frágil y cualquier movimiento brusco podría deformarla o romperla. El desmoldado cuidadoso garantiza que el lebrillo conserve su forma perfecta y esté listo para las siguientes fases de acabado y cocción.

Una vez desmoldada, la pieza pasa por un proceso de depurado y limpieza meticulosa. Utilizando una pequeña cuchilla, se eliminan cuidadosamente las impurezas y restos de barro que puedan haber quedado adheridos. Esta etapa es esencial para perfeccionar los detalles del lebrillo, asegurando que su superficie quede lisa y libre de imperfecciones antes de proceder a la cocción.

Después de la depuración y limpieza, el lebrillo se somete a un secado natural. Este proceso, que puede durar varios días, depende en gran medida de la temperatura y la humedad del ambiente. Durante el secado, es crucial que la pieza permanezca en un lugar bien ventilado para evitar deformaciones y garantizar que la humedad se evapore de manera uniforme, preparando así la cerámica para la etapa final de cocción.

Una vez que el lebrillo ha secado completamente, se procede a la etapa de cocción en un horno. La pieza se cuece a una temperatura de aproximadamente 1.200ºC. Este proceso de cocción a alta temperatura es esencial para vitrificar la cerámica, dándole su resistencia y durabilidad características, además de fijar permanentemente cualquier decoración o esmalte aplicado previamente. Al finalizar la cocción, el lebrillo está listo para su uso o para recibir acabados adicionales si es necesario.

Antes de aplicar la pintura decorativa, el lebrillo pasa por un primer control de calidad. Durante esta etapa, se inspecciona minuciosamente la pieza en busca de posibles defectos, como grietas, deformaciones o irregularidades en la superficie. Solo las piezas que cumplen con los estándares de calidad avanzan al proceso de decoración. Este control es fundamental para asegurar que el producto final no solo sea estéticamente agradable, sino también funcional y duradero.

Con la pieza ya esmaltada, se procede al pintado manual, empleando la técnica del estarcido de carboncillo. Este método implica el uso de plantillas para aplicar diseños precisos y detallados sobre la superficie del lebrillo. El carboncillo permite delinear los patrones con claridad, sirviendo de guía para la posterior aplicación de los colores. Este trabajo artesanal resalta la belleza y la singularidad de cada pieza, aportando un toque personal y artístico que distingue al lebrillo de cerámica.

Después de aplicar la pintura decorativa mediante la técnica del estarcido de carboncillo, el lebrillo se somete a una segunda cocción. Esta etapa es crucial para fijar permanentemente el diseño decorativo en la superficie esmaltada. La pieza se introduce nuevamente en el horno y se cuece a una temperatura controlada, lo que asegura que los colores y patrones queden perfectamente integrados y duraderos. Esta cocción final no solo realza la estética del lebrillo, sino que también garantiza su resistencia y funcionalidad.

Tras la segunda cocción y antes de dar por finalizado el proceso de fabricación, se lleva a cabo un control final de calidad. Durante esta fase, se inspecciona meticulosamente cada lebrillo para verificar que el diseño decorativo esté correctamente fijado, que no haya defectos visibles en la superficie y que la pieza cumpla con los estándares de calidad establecidos. Cualquier imperfección o irregularidad que se detecte es corregida antes de que la pieza sea considerada apta para su distribución. Este control asegura que cada lebrillo de cerámica que sale de la fábrica cumpla con los más altos estándares de calidad y satisfaga las expectativas de los clientes.

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